Cómo guardar ajos

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Los ajos tienen la posibilidad de preservarse a lo largo de varios meses ―sí has leído bien, varios meses― sin precisar someterlos a tratamientos físicos o bien químicos para evadir que broten. No hacen falta, y esto lo digo por vivencia.

Lo que hallarás en este artículo no es un copia-pega, es información conseguida de manera directa de mi vivencia de numerosos años cultivando y preservando ajos, y de este modo te lo voy a comunicar.

Mis ajos se preservan en buen estado hasta un año, de tal manera que en el momento en que los cosecho aún tengo ajos de la temporada previo.

Te explicaré cómo hago a fin de que duren tanto tiempo, mas antes comenzaremos con determinados conceptos básicos.

 

Los ajos se preservan a sí mismos

Las cabezas, con sus propios dientes de ajo, son una suerte de pastillas en las que la planta se comprime para pasar el invierno de manera segura, y tener energía para reconstruir otra vez la planta (de todos modos más de una) en el momento en que pase la estación desfavorable.

Por consiguiente, una vez maduro, el diente de ajo queda adormecido, aguardando a que llegue el invierno, por lo cual no brotará inmediatamente después de ser cosechado. En este punto está verdaderamente conservándose a sí mismo.

El frío es el detonante. Los dientes de ajo perciben los cambios de temperatura, de manera que en el momento en que estas están bajas a lo largo de cierto tiempo, para eso solo significa una cosa: nos encontramos en invierno.

Por consiguiente, un enfriamiento a lo largo de ciertas semanas, seguido de temperaturas más cálidas «lúcida» los dientes de ajo, que empezarán el desarrollo de brotación para conformar cada uno de ellos una exclusiva planta idéntica a la madre. Aquí es en el momento en que empiezan a tirarse a perder para el consumo.

Aparte de la temperatura, los cambios de humedad y de luminosidad además tienen la posibilidad de ser detectados, por lo cual va a haber que tenerlos presente.

 

Consideración de la recolección

A fin de que los ajos se preserven a lo largo del más grande tiempo viable, tienen que cosecharse en el instante justo y sabiendo ciertas cosas indispensables.

➊ Controlar el estado de las hojas. En el momento en que cerca de la mitad están secas, el ajo está listo para cosecharse.

No se debe dejarlos tiempo de sobra en la tierra, ya que se van a abrir las cabezas quedando los dientes a la visión, y esto disminuye el tiempo de conservación. Tampoco van a durar si se cosechan en estado inmaduro. Para asegurarse, en el momento en que la mitad de las hojas están secas, hurgar cerca de un ajo para poder ver el estado del bulbo. Se puede además cosechar uno y abrir la cabeza para poder ver si las envolturas de los dientes ahora dejaron de ser sustanciosas.

➋ Eliminar algún riego algunas semanas antes de la recolección, o bien cosechar con tiempo y suelo secos.

➌ Dejar los ajos extendidos sobre la tierra unos cuantos días (si hace sol). Si es imposible, ponerlos sobre una red elevada ―o bien algo semejante―, bien extendidos y en un espacio seco y ventilado a fin de que acaben de secarse.

 

El almacén

Como ahora hemos visto, los ajos perciben los cambios en las propiedades del ambiente para adivinar cuándo deben brotar. Pasar de temperaturas más cálidas a otras más frías, y después regresar a unas más tibias, es el detonante de la brotación, lo que no tenemos ganas que pase en el momento en que pretendemos preservarlos.

Sabiendo esto, el sitio dónde almacenemos los ajos tienen una enorme predominación en la conservación de estos. Específicamente, la variación en las propiedades del ambiente del almacén en respuesta a los cambios externos, es lo que hay que evadir.

Dicho de otra manera, hay que intentar evadir que los ajos perciban los cambios que están ocurriendo en el exterior, de manera que no van a saber exactamente en qué instante deben brotar.

 

Temperaturas frescas y permanentes

Como ahora se ha dicho, la temperatura se encuentra dentro de los causantes más indispensables.

Hay que procurar que el sitio dónde se guarden los ajos padezca los mínimos cambios de temperatura probables. Lo mejor sería almacenarlos en una bodega o bien un almacén climatizado.

A falta de estos dos sitios privilegiados, la parte más baja de una vivienda es siempre mejor que las plantas altas. Un sótano o bien estacionamiento que se sostenga la mayoría de las veces cerrado es buena opción, aunque no la preferible.

No se tienen que guardar los ajos en el frigorífico, ahora que el frío simulará el paso del invierno, y desatará la brotación.

 

Obscuridad o bien penumbra

Los cambios en la duración de los días ―horas de luz― es otro claro signo del paso de las estaciones, por lo cual no es conveniente que los ajos aprecien esos cambios.

El sitio elegido para almacenarlos ha de estar obscuro o bien siempre con un nivel bajo de luz, esto asistirá a que se preserven a lo largo de más tiempo.

 

Humedad baja y permanente

Todas y cada una de las hortalizas son sensibles a los cambios de humedad, y el ajo no iba a ser una salvedad, por lo cual tienen que preservarse en un ámbito equilibradamente seco y que no padezca importantes cambios de humedad.

No obstante, la implicación más esencial de la humedad en la conservación de los ajos debe ver con la aparición de patologías que tienen la posibilidad de echar a perder determinados dientes, toda la cabeza o bien inclusive numerosas de .

Para asegurar una humedad baja, resulta conveniente colgar los ajos, de manera que queden totalmente rodeados de aire. Para eso se puede trenzar, o bien sencillamente anudarlos con una cuerda. No es conveniente meterlos en botes, bolsas, sacos o bien cajas, ahora que van a estar acu y el aire no circulará tan bien entre .

 

Otras maneras de conservación

Lo destacado siempre es guardar los ajos al natural, ahora que de este modo sus características no se aprecian solamente perturbadas con el pasar de los años, mas hay otros métodos alternos.

 

En aceite

Se pelan los dientes y se meten en tarros que después se rellenan con aceite. Este líquido los guarda a lo largo de varios tiempo, aunque en lugar de editar sutilmente su gusto y textura.

 

Congelados

Los ajos se tienen la posibilidad de congelar una vez pelados, tanto los dientes enteros, como ahora picados para más grande simplicidad de empleo. Esto es buena opción si no se tiene un sitio correcto para preservarlos al natural.

La virtud así mismo es que después resulta muy cómodo añadir los ajos en la cocina sin la necesidad de cortarlos primero. A cambio, como algún alimento congelado, pierden una parte de sus características y no tienen la posibilidad de preservarse alén de determinados meses.

 

Secos

Esta es otra buena opción, y radica en mondar, secar y después moler los dientes de ajo (entre otras cosas con un molinillo de café), para conformar un granulado fino que se almacena en botes para cuidarlo de la humedad.

Para emplearlo, como algún otra condimenta en bote.

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