Cuidados del limonero

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Las cosas bien cuidadas marcan la distingue, y en la situacion del limonero ―y los cítricos generalmente― o sea de este modo al 100%, ahora que estos árboles son muy frágiles en numerosos puntos que observaremos en este artículo.

Las diferencias entre un limonero bien precaución y uno que no lo está, brincan a la visión de alguno, aunque no sea un jardinero profesional.

La coloración de las hojas y el aspecto de la copa van a ser dos de los puntos que más próximamente delatan a un limonero descuidado a su suerte.

Mas observemos qué cuidados requiere y cómo estos mejoran el estado del limonero.

Abonado

Todos y cada uno de los cítricos son muy rigurosos en relación a nutrientes, y el limonero pertenece a los que más. Es muy recurrente que sus hojas hagan ver síntomas de faltas alimenticias cada dos por tres.

Entrada la primavera, si un limonero no emite nuevos brotes, sus hojas están amarillentas y viejas, es muy posible que esté echando en falta uno o bien más nutrientes.

En terrenos calizos (o bien alcalinos) la carencia de hierro (hojas amarillentas con nervios verdes) acostumbra manifestarse de manera continuada, forzando a utilizar quelatos de hierro al suelo o bien abonos foliares que contengan este mineral.

Generalmente, y para evadir faltas, el limonero puede abonarse frecuentemente a partir de abonos que contengan todos y cada uno de los nutrientes, como el compost, humus de lombriz, estiércoles, o bien abonos líquidos como el purín de ortigas o bien otros preparados con diferentes plantas.

Charlemos de cosas puntuales. abono mis limoneros cada 15 días con purín de ortiga (algunas veces de otras yerbas) en proporción 1:10 (1 litro de purín 10 de agua), y agrego compost (unos 10 litros por planta) muy maduro cerca del árbol cada tres meses. Con estas dosis y tiempos, el vigor y la producción de fruta son increíbles y no se aprecian síntomas de faltas.

 

Riego

Comenzaremos diciendo que el limonero requiere mucha agua, y fundamentalmente en los meses de verano, en los que las lluvias son menos recurrentes y la evaporación más intensa.

Además, necesita además un increíble drenaje, oséa, que el agua no se quede encharcando la región de suelo que llenan las raíces, ahora que estos excesos son inaceptables para el limonero, cuyas hojas se van a poner amarillas y puede llegar a fallecer toda la planta.

¿Y cómo se mezclan estos dos requisitos? Ya que primero de todo, asegurándose de que la tierra donde está plantado el limonero tiene una aceptable composición (esponjosa), que no es bastante arcillosa y que el nivel freático no está muy cerca de la área (si es de este modo hay que conformar una meseta o bien cama antes de plantar el limonero)

Una tierra de calidad, rica en materia orgánica, retendrá mucha agua y nutrientes, mas por su parte dejará el drenaje del exceso de agua.

Para beneficiar la floración del limonero, es conveniente dejar la planta sin riego a lo largo de ciertas semanas ―siempre y cuando no suponga un peligro para esta― y después regar en abudancia en las próximas semanas.

Plagas y patologías

Aunque este aspecto no tiende a ser escencial para el árbol, ahora que ocasionalmente un limonero llega a fallecer por causa de una plaga o bien patología ―a menos que se intente HLB―, sí que resultan desgastados y su apariencia muy desmejorado.

Quizás las plagas más habituales son el pulgón y las cochinillas, que dejan restos de melaza (líquido azucarado) sobre las hojas, los que sirven de alimento a un hongo popular como negrilla, que coloniza las hojas manchándolas con una costra de color negro. Aparte del aspecto sucio del limonero, las hojas cubiertas dejan de recibir la luz del sol, y por consiguiente baja la actividad fotosintética, lo que se traduce en una reducción del vigor del árbol.

Para el pulgón un óptimo método hecho en casa es el agua saponácea aplicada varias veces hasta terminar con . En cambio, las cochinillas son más bien difíciles remover, debiendo recurrir al aceite de neem o bien a insecticidas comerciales. Para remover las máculas del hongo negrilla hay que lavar las hojas con agua y jabón y después aclararlas bien.

 

Poda

El limonero puede vivir muy bien sin poda alguna, en verdad es lo natural, por otro lado, si se quiere tener un árbol bonito, equilibrado y que dé varios limones, resulta conveniente podarlo sutilmente.

En este otro artículo estamos hablando de los tres géneros de poda que se tienen la posibilidad de entrenar en el limonero y cómo efectuarlas.

Se debe tener bastante precaución de no podar en demasía, ahora que se estimula que el árbol emita varios chupones ―ramas muy robustas de desarrollo vertical― que non dan fruto y rompen el equilibrio la composición de la copa. Las podas profundas quedan apartadas solo a la renovación de limoneros muy avejentados.

En cambio, si no se poda en lo más mínimo, el árbol se sostendrá sano y armonioso a lo largo de cierto tiempo, mas acabará formando una copa muy espesa en la que no penetra la luz. Consecuentemente, solo va a dar frutos en la parte externa ―la alumbrada―, desperdiciando el potencial del árbol.

En síntesis, podar anualmente ―inclusive numerosas ocasiones por año― los extremos de las ramas que ahora dieron fruto (se aprecia el “rabito” del limón) y los que estén secos, las que se entrecrucen, las que medren hacia el interior de la copa y las que hayan brotado bajo la cruz del árbol.

Resulta conveniente no recortar demasiadas ramas al unísono, a fin de que el limonero tenga tiempo de ajustarse y no responda con un desarrollo elevado de chupones, excepto si se quiere exactamente ese efecto para actualizar totalmente el árbol.

En el momento en que las podas dejan unas partes del leño expuestas al sol, es recomendable pintarlas con pintura blanca para asegurar la corteza de los rayos solares, que es muy frágil.

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